viernes, 22 de enero de 2016

Hoy leemos: El cuento del lobo

La semana pasada tuve examen y estaba griposa, así que falté a mi cita; sin embargo, subí a Instagram la foto del cuento que leímos esa noche. Hoy, como ya estoy casi recuperada (o en vías de recuperarme y terminando la medicación), aquí estoy de nuevo.

Mi reseña esta semana es para El cuento del lobo, de Helena Lraljic y genialmente ilustrado por Anna Laura Cantone una de las ilustradoras por las que siento una especial debilidad. Si no me equivoco, el primer título que leímos en casa ilustrado por Cantone fue Super Héroes en apuros que me capturó mi mirada en la Biblioteca y que irremediablemente se vino a casa con nosotros. Y es que Anna Laura Cantone es una de esas ilustradoras con un sello totalmente personas e inconfundible.


Ya sabemos qué ocurre en los cuentos con los lobos, y es que siempre los pintan a los pobres como fieros y fieras, malvados y feroces, traidores y mentirosos... en fin, todo lo malo habido y por haber para estos pobres bichos y rara vez, alguno se libra de semejantes etiquetas. Sin embargo, en esta historia Helena nos presenta al lobo tranquilo y amable que está tranquilamente en el bosque bajo un árbol, intentando tomarse una siestecita. No lejos de allí se encuentran unas ovejas jugando con una pelota, la cual va a parar entre las ramas de un árbol, quedándose allí trabada. El lobo se mostrará como un ser amable y cercano dispuesto a ayudar. Lo mismo pasará con un corderito al que persigue un zorro. Pero, por mucho que nos pese, no hay que olvidarse de que un lobo es un lobo y que, si somos sinceros, haga uno lo que haga, siempre hablarán de los errores que uno cometió y no de todo lo bueno y de cuánto y a cuántos se ayudó...

Esta historia me coloca ante caminos dispares y contradictorios... por una parte me resulta divertida la forma de presentarla, y sin lugar a dudas las originales y pícaras ilustraciones son para ello encomiables y por otro lado, me da que pensar en que sea de la forma que sea, volvemos a colocar al lobo como el ser etiquetado. Y cómo no me viene a la cabeza la frase de "cría fama y échate a dormir". ¿Sirven realmente los esfuerzos que realizamos para ser "distintos" una vez que nos han "catalogado"? o de todas formas, ¿hagamos lo que hagamos siempre van a pensar lo mismo de nosotros?. ¿Qué creéis vosotros?... ahí lo dejo.


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